06 marzo, 2017

ADOPTA UNA AUTORA #3 - Punto de quiebre


A los que no han estado al tanto de las entradas anteriores sobre el tema, les resumo: Estoy participando en el proyecto “ADOPTA UNA AUTORA” (link al proyecto). 

Mi autora adoptada es la escritora independiente Cristina Liceaga:


Hoy, en el tercer mes del proyecto les dejo el comienzo de su novela, Punto de quiebre,  que es espectacular y he reseñado (en esta entrada) el año pasado. Esta novela estuvo entre mis mejores lecturas del 2016 y es impresionante.
Quizás a primera vista les asuste que hable un poco sobre política de México, pero les aseguro que no necesitan saber nada del tema para disfrutar de la obra que poco a poco nos brinda la información básica que necesitamos para seguir la trama.



La República

I
El portazo es transparente. Bajo del Mercedes blanco sabiendo que no será la última vez: Matías volverá. Siempre lo ha hecho. 

Es julio y el alma cae sobre el pavimento mojado. A cuentagotas. La calle está casi vacía. Nadie sonríe ni me mira de frente. Mucho menos festejan como hace doce años, cuando las calles se llenaron de anhelo. Ahora sólo puedo sentir la tristeza. Asfixiarme de ella. La historia es cíclica y el engaño también, como Matías.

II

Lo supe al poco de verlo. Sus maneras abiertas contrastaban con mi timidez habitual. El muchacho movía las manos en círculos como si encerrara con ellas las palabras. Debatía enfático, sin dejar hablar a nadie. Impaciente, con los argumentos pegados a mi garganta, busqué intervenir pero no me dejó, por lo que le lancé una mirada de odio. Al terminar, se me acercó silbando y, sin más, como si no tuviera a dónde ir, se sentó a mi lado, guiñándome el ojo. 

La clase siguió. El muchacho había dejado en casa el libro de texto, por lo que leímos juntos; él rozándome sin querer el dorso de la mano. Al final, salió corriendo, sin despedirse, con las zancadas buscándole la prisa. Decepcionada por su tosquedad, guardé mis cosas y caminé hacia la cafetería de la universidad. Estaba ahí, solo, con los zapatos de explorador recargados sobre una silla color mostaza. Comía unas galletas azucaradas que, al morderlas, esparcían pequeñas moronas sobre su barba rebelde. Al verme, ladeó la cara, quitó los zapatos de la silla y pidió que me sentara con él. Acercó la bolsa de galletas que rechacé por inercia y me contó su vida de un solo golpe, como si no tuviera tiempo para respirar. 

Se llamaba Matías Alcocer. Tenía los ojos pardos y el hablar inteligente. No era ni guapo ni feo, pero yo lo encontraba atractivo; con el pelo mal cortado y las manos grandes y revueltas. La risa se le esparcía por la mirada, cayéndole sobre los huesos largos, bien proporcionados, cubiertos por la camisa a cuadros y los pantalones de pana azul.

Había nacido y crecido en el DF. A los dieciséis años, se había mudado a Hermosillo, donde todavía vivían sus padres. 

—No soporto el clima extremoso; así que, terminando la prepa, regresé con mi hermana al DF, a casa de un tío. Y tu familia, ¿qué tal? —cuestionó. 

Abrumada, le dije que de ellos no valía la pena hablar, que eran los típicos católicos de clase media alta. Soltó una risa amplia y presumió que en su familia la religión no importaba, pero sí la política. Como respuesta, alcé los hombros envidiando su suerte, cansada de los preceptos clericales que tanto me asfixiaban. Matías sonrió y puso su índice sobre mi ceja derecha. 

—No te muevas. Tienes algo ahí. —Sonrió, mientras dibujaba el arco de mi ceja sobre el aire. Su voz olía a galletas.

III

Tengo frío. Hace poco oscureció y yo sigo vagando sola. La ciudad está vacía y no sé a dónde ir. ¿Dónde están los que festejarían el regreso del dinosaurio priista? ¿De los que sí saben hacer las cosas? Toso. Debí haberme puesto algo más abrigador. Julio y su clima que te engaña. Con sus mañanas soleadas y sus atardeceres salpicados por agua, como Matías. Sigo caminando. Mis pisadas se ahogan en el silencio. En la esquina, entre muros repletos de propaganda electoral, un tipo de barba toma del brazo a una chica pequeña, que apenas se distingue del aire. Pienso en Matías. Quien a su vez fue anidándose poco a poco en mi pensamiento hasta hacérseme indispensable. 
IV
Sin querer, nos fuimos haciendo amigos, buscándonos en compañía para matar el ocio. Matías, como yo, odiaba las injusticias autoritarias y los argumentos vacíos; los partidos políticos de setenta años. En clase, librábamos batallas a quemarropa, presumiendo nuestra inteligencia para deslumbrar al otro. A Matías le gustaba llevarme la contraria, haciéndome perder los estribos con sus elogios falsos al PRI. Cuando se cansaba de rebatirme, cruzaba los brazos, con la furia sobre los ojos. Al final siempre se acercaba en busca de treguas, mordiéndose los labios con el mechón de pelo cubriéndole las cejas. 

—Sabes que lo hago para molestarte. Además, conoces mi odio hacia el PRI, —argumentaba, deslizando una mueca.

También me hacía reír. En las horas muertas, tan frecuentes en esos días, íbamos en su vocho blanco al Sanborn’s, donde desayunábamos molletes y café negro en tazas blancas. A Matías le gustaba fastidiar a la mesera. Antes de ordenar, se sentaba con la espalda derecha y preguntaba serio, con voz de predicador: <>. La mujer se limitaba a sonreír, apuntaba la orden y salía despavorida mientras Matías se atacaba de la risa y dibujaba con el índice la señal de la locura. Una vez recuperada la prudencia, trasmutaba en intelectual revolucionario; desencadenando mis Trópicos de Cáncer. Desdoblaba uno a uno los periódicos que guardaba en el morral; leía entre bocanadas de humo, quejándose de los titulares y proyectando futuros. 

—El noventa por ciento de los medios son una mierda, pero nosotros lo vamos a cambiar. Ya lo verás. Que no crea el gobierno que nos someteremos a sus jaladas. Tú y yo daremos voz a los sectores olvidados. Confía en mí. No por nada el PRI me tiene miedo; no me conoce, pero ya me tiene miedo.
La risa se nos mezcló con el humo del cigarrillo.  

—En una de ésas acabamos en La República. No está mal el nuevo diario. Podría mejorar si prestara más atención a los dedazos y dejara de sacrificar el contexto por el diseño a la gringa. —Le contestaba por contestar, enredada en sus palabras de un México sin PRI, con la sorpresa aún reciente de un zapatismo que había trastocado al partido y que, según Matías, sería el preludio de su extinción. —Tiempo al tiempo, Mercedes. Algún día caerá el dinosaurio, y tú y yo vamos a estar ahí, en primera fila, atestiguando el desmadre. Ya quiero ver a los pinches priistas huyendo con cara de susto.

Yo no creía en sus predicciones a color. En realidad, poco me importaban; perdida como estaba en nuestra relación llena de inercias. Matías ya se había infiltrado y yo me dejaba llevar contracorriente, ahogada cada vez más de él. Amaba sus movimientos desbordados. Su risa desparpajada. Sus conocimientos políticos. Su estar informado. 

Un día de enero se acercó silbando, traía la sonrisa extraña y los ademanes desatados.

—Y ahora a ti, ¿qué te pasa? ¿Por qué tan contentito?

—Mercedes, conseguí prácticas profesionales en La República y usted, señorita, viene conmigo.
Abrí los ojos, incapaz de asimilar nada. 

—¿Es en serio? —Quería saltar y me contuve; apenas atiné a jugar con el medallón que colgaba de mi cuello, enredando el índice en la cadena de plata. 

—Sí, un amigo de mi padre es el editor de nacionales y busca a dos chavos que lo ayuden. —Matías arrojó las palabras como un torbellino. Era parte de su caos fascinante—. Ya sabes, tareas sin importancia, pero con el tiempo podremos publicar. Obviamente pensé en ti. ¿Quién más puede sentir esa pasión por el periodismo y la política? Sólo tú, Mercedes, solamente tú.

V

Otra vez llueve. La humedad sube por mis pies. No tiene caso seguir dando vueltas en círculos. Decido parar un taxi, pero no tengo a dónde ir. La ciudad se difumina sobre mi hombro. Las luces amarillentas se deslizan por mis pupilas. La voz del taxista quiebra mi recogimiento. Pido que me lleven a Reforma. Necesito recordar. Recordar todo de nuevo.

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4 comentarios:

  1. Hola! Super interesante la iniciativa! puede que me una <3
    Gracias por la entrada y nos leemos!

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  2. Hola! Conozco esta iniciativa desde hace un tiempo y me parece muy llamativa asi que capaz que en algun futuro me una♥ Me encanto tu entrada♥

    Besos!

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  3. ¡Hola! Que buena iniciativa, la verdad que el texto no es de lo que suelo leer así que paso. Saludos

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  4. ¡Hola! El personaje de Matías me cayó bien jaja, me hace acordar a un amigo que tiene actitudes parecidas y le gusta alborotar y molestar a todos. Me gustó la prosa de la autora<3

    Un beso!
    Aylu.

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