04 mayo, 2017

ADOPTA UNA AUTORA - Un texto de Verónica Cervilla

¡Hola gente hermosa! Llega mi entrada preferida de cada mes, la del proyecto Adopta una autora. Hoy les traigo un cuento de Verónica Cervilla que les encantará.

LA MÁQUINA DE LAS IDEAS

Esta es la historia de un lugar donde los libros habían desaparecido y la razón se había apoderado de la humanidad. La imaginación estaba marginada, desterrada a la única librería del mundo que guardaba los antiguos escritos de los hombres y mujeres que un día escribieron sobre lugares lejanos, magia y fantasía. Allí, un humilde librero cuidaba de las joyas de la historia camufladas entre tomos de física, informática aplicada y economía. El estrés de guardar tan preciado tesoro fuera del alcance de los que ostentaban el poder le había producido más canas de las que correspondían a su edad y un corazón que se resentía. Lo único que le animaba a seguir era ver cómo su nieto disfrutaba escondiéndose para leer los textos prohibidos. Era un gesto de valentía para alguien de tan corta edad; aún no había comenzado la escuela secundaria y ya estaba rebelándose ante la autoridad. Sin duda era de la familia. 

Ensimismado en uno de sus más viejos y queridos ejemplares sobre Leonardo Da Vinci, un temblor sacudió el lugar interrumpiendo su lectura. No había terremotos en esa parte del mundo y por mucho que la ciencia había avanzado, no habían construido aún un vehículo que provocara tal sacudida al pasar frente a un edificio. Entonces, los temblores se sucedieron uno tras otro acompañados por fuertes golpes y explosiones. Se asomó afuera con cautela. Rocas incandescentes llovían del cielo impactando con la ciudad y destruyéndolo todo a su paso. ¿Sería otro de los experimentos del gobierno? Todavía podía recordar los años en los que hicieron las pruebas de la ciudad inteligente y las pérdidas por los errores de cálculo. 

Divisó a dos hombres trajeados con la cara cubierta volteando la esquina. Estos comenzaron a correr en su dirección cuando lo vieron. Lo primero que pensó fue en su nieto; aún estaba escondido en el sótano leyendo. Puso todos los obstáculos que pudo en su camino, cerró las puertas con llave, tumbó estanterías y lanzó libros, pero ellos estaban bien entrenados y contaban menos años que él en su cuerpo. Ese fue el último día que lo vio.

Se despertó en una habitación blanca con una luz potente que le cegaba y aquellos dos hombres sentados enfrente. Malas ideas pasaron por su cabeza.
—Sabemos que conserva los libros prohibidos.
—No sé de qué me habla. Solo soy un librero —se defendió sin alterarse—. ¿Dónde está mi nieto?
—Necesitamos su ayuda.

No estaba preparado para esa petición y sus ojos evidenciaron la sorpresa.

—Los incidentes de esta mañana —prosiguió uno de los hombres— no son un experimento. Estamos siendo atacados.
—¿Por quién?
—El sistema se ha revelado y se destruye a sí mismo, como hace una célula cuando se vuelve cancerígena. 
—¿El planeta se está suicidando? —preguntó el librero, esforzándose por no mostrarse asustado.
–Es una forma de decirlo, supongo. 
—¿Y yo qué tengo que ver con eso?
—Hace algunos años hubo un científico que desarrolló una máquina capaz de leer las ideas.
—Sí, recuerdo haber leído sobre él —interrumpió—. Ustedes lo detuvieron. Desapareció, como todos los que se atrevieron a usar su cerebro fuera de lo que estaba permitido.
—Esa máquina es lo único que puede dar con la solución a este problema y salvarnos a todos, incluido a su nieto. Usted es el único que puede activarla.
—¿Yo?
—No hay nadie más en el mundo que haya entrenado a su imaginación. El resto seguimos conservándola, pero está aletargada. Varios de nuestros mejores intelectuales lo han intentado y fracasaron. La máquina necesita pensamientos abstractos para funcionar.
—Vaya, así que ahora necesitan mis locas ideas para sobrevivir. ¡Le piden ayuda a un rebelde! Solo con esto ya podría morir en paz, ¿saben? —sonrió desafiante.
—Quizás quiera preguntarle a su nieto si piensa lo mismo —Hizo una pausa—. En ese sobre están las coordenadas de dónde se encuentra la máquina y un documento con las condiciones del trato. Firme y nos pondremos en marcha —Dejó el sobre la mesa y una pluma junto a él—. Tiene una hora para pensarlo. Después no tendremos otra opción que usar otros alicientes para persuadirle.

Con el sobre la mesa y solo en aquella sala aséptica, sintió deseos de romper el papel en dos delante de las cámaras de seguridad. El mundo tenía importantes razones para querer desaparecer, su nieto y él lo entenderían. Pensó en la destrucción de bosques, la contaminación, los animales en extinción, las guerras, el hambre, el saqueo de las entrañas de la tierra. Miró a aquellas paredes blancas y vacías como un cerebro sin estímulos.

—Como un papel en blanco —dijo en voz alta y tomó la pluma.
FIN


A los que no han estado al tanto de las entradas anteriores sobre el tema, les resumo: Estoy participando en el proyecto “ADOPTA UNA AUTORA” (enlace al proyecto). Mi escritora elegida es Verónica Cervilla; la pueden conocer en la entrevista que le hice el mes pasado (acá).

4 comentarios:

  1. Hola!
    Vi en varios blogs entradas sobre el proyecto y me encanta! Es una iniciativa genial :)
    El texto de Verónica Cervilla e pareció súper interesante. Voy a investigar un poco para conocer más de esta autora.
    Gracias por la entrada.
    Saludos

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  2. Hola Nati!
    Creo que ya dije en alguna entrada pasada lo genial que me parece esta iniciativa y que a penas me saque de encima algunos pendientes me pienso meter de lleno. Este texto me resultó bastante interesante, así que le voy a estar dando una miradita más profunda más tarde.
    Un beso y gracias por la entrada!

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  3. ¡Hola!
    Me encantó el texto de Verónica Cervilla. Muy único, a mi parecer.
    Espero poder conocer más de esta autora :D
    ¡Gracias por la entrada!
    ¡Saludos y que tengas un hermoso día!

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  4. Hola Nati.
    Creo que es la primera vez que leo del proyecto y me resulto interesante. Tampoco conocia a la autora pero es lindo su trabajo.
    Saludos

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